|
CONSTANTINOPLA
LA ROMA DE ORIENTE
En la confluencia entre Europa y Asia, la metrópoli fundada por Constantino confirmaba el traslado a Oriente del poder imperial, una tendencia que no era nueva, pero si oficial desde entonces. Tras la caída de Roma frente a los Bárbaros en el siglo V, Constantinopla extendió el legado del Imperio otros mil años.
El 11 de mayo del 330 fue inaugurada en la mayor solemnidad la nueva capital del mundo. Su fundador, Constantino I el Grande, la llamó Nova Roma. Con ello indicaba que la vieja urbe del Tíber estaba en declive, pero que el Imperio contaba con una digna sucesora. La nueva metrópolis consistía en una reconstrucción monumental de la colonia griega de Bizancio, allí Europa y Asia se enlazaban en el estrecho del Bósforo.
La creación de Constantinopla , o ciudad de Constantino , que fue el nombre utilizado desde el principio por la gente en lugar del pomposo Nova Roma, venía a solucionar varios problemas. El primero era que la sede tomaba el relevo de la antigua Roma, relegada ya por Diocleciano como centro del estado. Además, la ciudad de Constantino corregía, no por completo, pero si en buena medida, la dispersión de la autoridad supuesta por la multiplicación de capitales, primero debido a la anarquía militar y después por la implantación de la tetrarquía.
Un símbolo estratégico - Constantinopla permitía mantener a raya en primera línea a los pueblos danubianos, al Oeste , y al Imperio persa, al Este. Eran dos fronteras endémicamente conflictivas. El emplazamiento resultaba fácil de defender. Rodeado por agua, bastaba fortificarlo por un solo flanco, el único terrestre, el occidental ( los ataques marítimos al asentamiento irrumpirían décadas después de la muerte de Constantino )
La ciudad, además, se halla en una transitada encrucijada de rutas comerciales.
Tampoco debe obviarse entre las conveniencias de establecer una nueva capital el factor simbólico o de propaganda. Constantino era un hombre ambicioso. Ansiaba pasar a la historia. Para ello, en la Antigüedad, nada como fundar una ciudad, monumento vivo a la memoria de un líder. No se equivocó. La creación de Constantinopla, como la legalización del cristianismo, fue su mejor baza de cara al futuro. Roma claudicó a los Bárbaros en el 476. El Imperio oriental, el bizantino, dirigido desde el Bósforo, duró hasta la invasión otomana de 1453, casi un milenio más. El legado constantiniano aunque islamizado y modernizado, ha perdurado de algún modo en vestigios arquitectónicos y urbanísticos del casco antiguo de Estambul.
Adiós a Roma – El proyecto de Constantino de transferir la sede imperial fuera de Roma no era nuevo. Ya Julio Cesar, cuenta Suetonio , había imaginado mudar la capital de la República a la egipcia Alejandría, la referencia cultural de la época. Después, muchos emperadores, desde los Julioclaudios a los Severos, pasaron largas temporadas alejados de la ciudad del Tiber. Pero fue durante la anarquía militar cuando el papel de Roma como trono exclusivo del mundo se vio seriamente afectado. Los generales golpistas que se autocoronaban establecían su capital en cualquier centro urbano en que estuvieran acantonados.
Esta atomización se agudizó con la tetrarquía de Diocleciano. En el 303, durante la única visita a Roma del Augusto, este llegó a la conclusión de que Roma era demasiado decadente para continuar siendo el nucleo del Imperio occidental. El gobierno desde Nicomedia , como haría después Licinio, el aliado y luego adversario oriental de Constantino. Otros tetrarcas se instalaron en Ravena, Milian, Treveris, Eboracum o Tesalonica.
Con la fundación de la Nova Roma, Constantino hizo volver las cosas temporalmente a su cauce. Solo la ciudad bizantina, y por algún tiempo mas Roma, permaneció como metropolis imperial, pese a la capitalidad secundaria de otras ciudades.
El lugar ideal - Resulta significativo que la decisión de edificarla fuera tomada por Constantino apenas unas semanas mas tarde de haber derrotado a Licinio. En el Campo de batalla, el Grande reunificó el territorio estatal, dividido en dos hemisferios. Lo siguiente fue buscar una capital estable para el Imperio que iba a reestructurar a su parecer, como monarca absoluto.
Tras estudiar otras posibilidades, desde la legendaria Troya, en Asia Menor, a Naissus , donde había nacido, Serdica (Sofia) o Tesalonica, se decantó por fundar la sede de su gobierno en el emplazamiento heleno de Bizancio. En cualquier caso, todas las opciones analizadas se situaban en el oriente del Imperio. Esta predilección, como la idea de una capital fuera de Roma, no era reciente. La inclinación al Este del eje político se percibía desde hacia siglos. Pese a instaurar la tetrarquía, Diocleciano, antecesor de Constantino y el emperador de mas peso en el sistema cuatripartito, se había reservado el augustado de Oriente y se había instalado en Nicomedia.
Oriente era mas rico, mas prestigioso como cuna de arcaicas y refinadas civilizaciones y, además, aceptaba por tradición el talante teocrático que iba adquiriendo el mandato imperial en la Roma tardía. Cuando Constantino construyó su capital en Bizancio, no hizo sino confirmar el traslado definitivo al Este del poder romano.
Una antigua colonia griega - Esto ocurrió el 3 de noviembre de 324. Ese día el Emperador empezó las obras de la ciudad que lo inmortalizó. Siguiendo un rito pagano, el protector del cristianismo dibujó con la punta de una lanza una curva desde el mar Marmara hasta el Cuerno de Oro. El perímetro trazado comprendía un área tres o cuatro veces mayor que la de la Bizancio griega remodelada hacía poco mas de un siglo por el Cesar Septimo Severo. Se trataba de un lugar bien conocido por los antiguos.
El primer establecimiento databa, según la leyenda, de 658 a. C. Una expedición helena de Megara, comandada por Bizas, tomó una aldea que había en el lugar llamada Ligos.
Pese a su soberbia localización, la colonia de Bizas, Bizancio, pronto se vio frenada debido a los avatares bélicos. Las Guerras Médicas, la del Peloponeso y la acción de Filipo de Macedonia (el padre de Alejandro Magno) devastaron la región.
Posteriormente, la ciudadela tuvo que lidiar con la República romana. Lo hizo con éxito. Firmó una alianza con el Senado, que comenzó a recibir a los diplomáticos bizantinos con pompas reales y permitió al enclave la percepción de las tasas aduaneras del Bósforo, base de su riqueza. También la Roma imperial congenió con la colonia griega. Aunque envió a ella pretores con funciones civiles y militares, respetó su régimen democrático. Solo hubo un tropiezo, cuando ascendió al trono Séptimo Severo. Bizancio se asocia con un adversario de éste cesar, por lo que Severo, tras asediar la urbe de 193 a 196, demolió sus murallas y edificios públicos y la subordinó a Heraclea. Pronto, sin embargo, el incidente fue olvidado. El Emperador restauró los derechos autonómicos y aduaneros, además de levantar los baños de Zeuxipos y comenzar la construcción del Hipódromo. Durante la anarquía militar, Galieno volvió a ensañarse con la colonia en el 262, pero fue reparada enseguida.
|