| Lugares de interés turístico y
cultural ÉFESO
Historia:
Aunque la región fue habitada primero por los carios y lelegianos
a mediados del II. Milenio a.de J.C., la primera ciudad fue constrida
por los jonios en el siglo XI. a. de J.C. Durante la gran invasión
persa del siglo VI a. de J.C. Éfeso se rindió al dominio de la dinastía
de Aqueménida junto con las demás ciudades jónicas y, después de
algunas tentativas malogradas para sublevarse contra el invasor,
tuvo que esperar hasta la llegada del gran conquistador Alejandro
Magno. Tras su muerte, Éfeso pasó a manos de uno de sus generales,
Lisímaco, y la ciudad fue trasladada a su sitio actual en el valle
situado entre los montes de Corressos (el actual Bulbul) y Pión
(el actual Panayir). Después del dominio del reino de Pérgamo, Éfeso
se sometió a la soberanía romana y vivió su época de oro durante
aquellos siglos llegando a ser una de las ciudades más grandes de
la Antigüedad. Numerosos emperadores embellecieron la ciudad con
impresionantes obras de arte, entre las cuales destacaba el Templo
de Artemisa como una de las siete maravillas del mundo. Con el nacimiento
de la fe cristiana Éfeso empezó a ocupar un lugar aun más significativo.
San Pablo estuvo numerosas veces en esta ciudad para predicar y
derribar el poderosísimo culto a la diosa Artemisa; por consecuencia
una de las siete iglesias del Apocalipsis fue estblecida aquí. San
Juan Evangelista se estableció en Éfeso y pasó el resto de su vida
aquí para escribir su Evangelio ; como Jesucristo
–antes de morir crucificado – le había confiado el cuidado de su
madre, se cree que la Virgen María también vivió el resto de su
vida en Éfeso.
La ciudad de Éfeso, que fue saqueada por los godos a mediados del
siglo III d. de J.C., entró en un período de decadencia; ni siquiera
el Concilio Ecuménico que tuvo lugar en Éfeso en la primera mitad
del siglo V logró restituirla su esplendor de otros tiempos. Éfeso
perdió toda su prosperidad y su importancia comercial debido a la
inutilización de su puerto que se llenó de los aluviones del río
Caistro, y a los marjales que causaron epidemias de paludismo.
La biblioteca de Celso, la Vía de Mármol, el Ágora Inferior
y el Teatro
La Biblioteca de Celso está situada en el cruce de la Vía
de los Curetes y la Vía de Mármol. Este edificio suntuoso construido
a principios del siglo II d. de J.C. por un cónsul romano en
memoria de su padre ha sido restaurado de una forma extraordinaria
gracias al material original recuperado durante las excavaciones.
La casa de la Virgen
Se sabe que Jesucristo, antes de morir crucificado, confió
a San Juan (Evangelista) que cuidara de su madre y que San Juan
pasó los últimos días de su vida y escribió su Evangelio en Efeso.
Por lo tanto se cree que la Virgen Maria también vivió en la región
de Efeso hasta sus últimos días. Durante las excavaciones realizadas
a finales del siglo XIX. Cerca de una fuente sagrada en el monte
de Pion, donde los cristianos de la región solían celebrar cada
año la fiesta de la Virgen, fueron descubiertos algunos restos de
los cimientos de una casa, así como algunos pedazos de carbón de
su hogar, y los análisis científicos llevados a cabo con el método
llamado ‘’carbono 14’’ revelaron que aquellas huellas databan del
siglo I d. de J.C., indicio que apoyaba las alegaciones de que la
Virgen Maria había vivido en este lugar.
Hoy en día encontramos una pequeña iglesia en el mismo lugar, que
es visitada por los cristianos como santuario de peregrinación y
es venerada por los musulmanes como lugar sagrado.
Mileto
En la época arcaica, Mileto, entonces muy floreciente gracias a
su comercio, cayó bajo el dominio de los lidios; su autonomía disminuyó
cuando en el 546 a.c. pasó al dominio persa.
Al santuario de Apollo de Dídima se llegaba tras un recorrido de
20 km, que arrancaba de la puerta Sagrada. En su interior tenía
su sede un importante oráculo del dios que se manifestaba a través
de una fuente subterránea.
Tales de Mileto.
Se puede decir que con Tales empezaron las ciencias aritméticas
y geométricas, y la ciencia de la naturaleza con formulaciones teóricas
como nunca se había hecho antes. Este lúcido cuadro de un gran historiador
de la filosofía antigua nos traslada al inicio del pensamiento filosófico
griego, donde el término “origen” ha de entenderse no como una mecánica
sucesión de mito y pensamiento racional: en otras palabras, que
poco a poco detrás del patrimonio común de ideas y palabras se van
precisando conceptos y formas de pensamiento puestas en común por
una nueva exigencia de crítica e interpretación racional de los
fenómenos. Así, pues, hoy más que nunca se ha de rechazar la idea
de un pensamiento mítico encerrado en su propia irracionalidad:
al contrario, en el ámbito de diversas exigencias sociales y culturales,
dicho pensamiento desempena la misma función de proporcionar explicaciones
sobre la realidad del hombre.
Didima
Dejando atrás Mileto y siguiendo el camino hacia el sur, se ven
unas columnas gigantescas que se alzan hacia el cielo por encima
de los tejados de las casas y pensiones. Aquel sitio, es un gran
espectáculo.
Se trata del templo díptero (con doble fila de columnas) más grande
de la Antigüedad que aún subsiste en nuestros días: el Didimeión,
o sea el Templo de Apolo en Didima... es el único edificio gigantesco
de dimensiones monumentales que ha subsistido después de la destrucción
de los templos en Èfeso y Samos.
Es un templo antiguo de cien metros de largo y cincuenta de ancho,
construido encima de una fuente sagrada...
Priene
«Los griegos que vivían en Jonia (la franja costera comprendida
entre la desembocadura del Meandro y del Hermo) son los que fundaron
sus ciudades en el lugar más favorecido por el cielo y por el clima
(...) Mileto es la primera de sus ciudades por el sur; le siguen
Miunte y Priene, éstas situadas en Caria y donde hablan la misma
lengua. Las otras están en Lidia: Éfeso, Colofón, Lébedo, Teos,
Clazómenas y Focea (...); por último, las islas de Samos y Quíos
y, en el continente, Éritras» (Heródoto, I, 142).
Jonia
Conjunto
de territorios de la costa de Asia Menor, situados entre el cabo
Poseidón al S y Fócea y Magnesia al N, a los que se añadían las
islas de Quíos y Samos. Estaban habitados por población de origen
griego.
Historia.
La región comenzó a recibir población de origen griego en torno
al 1400 a.C., procedente en su mayor parte de Acaya, el Peloponeso
y del Ática, y la última oleada migratoria llegó en la segunda mitad
siglo VIII a.C. y se estableció en Magnesia y Fócea. Los primeros
pobladores fundaron las ciudades de Mileto y Colofón, que fueron
seguidas por Samos y Quíos, ya en la Edad del Bronce, pero los núcleos
urbanos más importantes -Éfeso, Teos, Clazomene, etc.- se fundaron
en torno al año 1000 a.C. Por lo general, las ciudades estaban situadas
en bahías con pequeñas llanuras costeras, pues los abundantes recursos
naturales de estas zonas garantizaban el autoabastecimiento.
Con el tiempo, los jonios intentaron controlar una cada vez más
amplia franja de territorio hacia el interior, lo cual consiguieron
bien eliminando a la población autóctona, bien mediante un severo
proceso de helenización, hasta que finalmente las fronteras orientales
quedaron fijadas en los límites de los reinos de Lidia y Caria.
Poco a poco fue surgiendo entre las diversas ciudades jonias una
unidad cultural y lingüística, dado que en todas las ciudades se
hablaba el dialecto jonio; también se desarrolló una escritura silábica,
que terminaría en la adopción del alfabeto. Fue en esta región donde
nació la Filosofía, que dio figuras tan grandes como Tales de Mileto
y Heráclito.
Para defenderse de posibles ataques externos, se tomó la decisión
de formar una Confederación; en un principio eran trece ciudades,
Mileto, Miunte, Éfeso, Lebedos, Eritrea, Fócea, Colofón, Teos, Clazomene,
Quíos y Samos y Melia, aunque la destrucción de esta última en el
700 a.C., redujo su número a doce. La conquista de Esmirna al norte
y Halicarnaso al sur contribuyó a fortalecer las fronteras de la
Confederación. La Liga Jonia eligió como centro político el Panionion,
templo consagrado a Zeus que se hallaba ubicado en la sierra de
Micala.
Algunos historiadores situaban en Jonia el origen de la institución
de la polis. La sociedad jonia estaba organizada en fratías, que
a su vez se dividían en cuatro phylai ('tribus'), Geleontes, Hópletes,
Esicoreis y Argadeis. Esta división surgió en los primeros momentos
de la ocupación griega, y con el paso de los años se añadieron dos
nuevas tribus, Boreis y Oinopes. En las ciudades se fue sustituyendo
el sistema político establecido, la monarquía hereditaria, por un
sistema oligárquico en el que el poder era compartido por una serie
de magistrados procedentes de las grandes familias, arcontes (funcionarios
civiles), polemarcos (los jefes del ejército), tesmóteles (magistrados
judiciales) y el rey (encargado del culto). Este régimen hizo que
algunas ciudades como Éfeso, Colofón y Mileto acabaran convertidas
en tiranías.
El poder de la aristocracia se sustentaba en el comercio marítimo,
debido a lo cual esta clase social recibía el nombre de aeinautai
('los que siempre navegan'). La riqueza de las ciudades jonias llamó
la atención de los soberanos de Lidia, que a su vez buscaban una
salida al mar. El rey lidio Ardis (651-613 a.C.) convirtió a Jonia
en un protectorado de su reino, pero esto no convenció a su sucesor
Creso que conquistó militarmente la región en el 560 a.C. Mileto
fue la única ciudad que consiguió conservar su independencia gracias
a la firma de un tratado de alianza. El general de Ciro II el Grande,
Harpagón, sometió a todas las ciudades jonias, algunas de las cuales,
como Teos y Fócea, fueron abandonadas por sus habitantes para asentarse
lejos del dominio persa. Darío I utilizó la potencia marítima de
Jonia para expandir sus dominios en el Mar Negro pero, la presión
era tan insoportable, que las ciudades jonias se reunieron a iniciativa
de Mileto para librarse de la hegemonía persa. La guerra estalló
en el 499 a.C., y durante el tiempo que duró ésta los jonios contaron
con el apoyo de las naves de la Atenas de Clístenes. La primera
victoria importante para los griegos fue la conquista de Sardes,
pero la reacción de Darío no se hizo esperar. La flota jonia fue
derrotada por la persa en el 494 a.C., lo que obligó a la firma
de un tratado de paz, según el cual las ciudades jonias podían conservar
sus instituciones mientras que las cuestiones internacionales quedaban
en manos persas.
Durante las Guerras Médicas, Samos y Quíos fueron las primeras
ciudades que lograron pasarse al bando griego. La paz de Calias
(449 a.C.) obligó a los persas a abandonar Jonia. Tras el fracaso
de los atenienses en Sicilia, los jonios trataron de hacerse con
el control marítimo del Egeo. Para conseguir este objetivo toda
la flota se puso al servicio de la Liga del Peloponeso, lo cual
no evitó que perdieran su independencia cuando los peloponesios
reconocieron la soberanía de los persas sobre la región. La nueva
etapa de dominio persa duró hasta que Alejandro Magno liberó a las
ciudades del continente en el 334 a.C.; a las islas de Quíos y Samos
les llegó su independencia dos años más tarde. Tras la muerte del
rey macedónico el control de Jonia recayó en Lisímaco, rey de Tracia.
Los romanos incluyeron los territorios en la provincia de Asia.
Economía.
La base de la economía de Jonia era el comercio, actividad que la
el papel preponderante era para las ciudades de Mileto y Fócea,
si bien el objetivo de cada una era muy diferente, pues Mileto dirigió
su política comercial hacia el Mar Negro, en cuyas costas fundó
más de veinte factorías más allá del Helesponto, mientras que Fócea,
por el contrario, dirigió su mirada hacia el Mediterráneo Occidental,
donde competía con las factorías tirias. A las colonias se mandaban
productos manufacturados y se recibían alimentos y materias primas.
El centro financiero de Jonia era Éfeso, ciudad en la que surgieron
los primeros bancos de la historia y en donde se empezó a acuñar
moneda por primera vez en la historia con una aleación de oro y
plata denominada electrón.
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